PSICÓLOGO Col. P-1357

Las Palmas de Gran Canaria

 
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La Fatiga crónica .

"Estoy hecho polvo" o "no puedo con mi cuerpo" son las quejas más frecuentes.

Quienes padecen de fatiga crónica se sienten agotados desde por la mañana. Se levantan con la sensación de no haber descansado y durante el día sufren diversos altibajos. Hay tareas para las que se sienten atolondrados e incapaces y otras para las que de repente recuperan la energía. Su estado de ánimo puede estar acompañado de apatía, pérdida de memoria y ausencia de deseo sexual.

El trastorno no distingue de profesiones: desde los atareados yuppies a políticos, telefonistas o informáticos, todos pueden padecer este problema.

Las personas aburridas de su rutina laboral o los profesionales muy motivados al principio, pero alejados cada día más de su ideal tampoco se libran del síndrome.

Los ejecutivos quizá son los más propensos a contraer este trastorno. Son personas incapaces de decir no a nuevas tareas y obligaciones, aunque estén sobrecargados de trabajo y no le puedan dedicar tiempo a nuevos cometidos.

Las profesiones liberales y los artistas que viven de la imagen también caen con frecuencia bajo las garras del cansancio crónico.

Los síntomas de este trastorno son difíciles de detectar. Pero las señales de alerta de que una persona ha entrado en una fase de agotamiento son la incapacidad de relajarse, insomnio, cefaleas o dolores de espalda, fobias a ciertos lugares, hipersensibilidad a la crítica, agitación, obsesión por la limpieza, irritabilida.

Cuando alguno de estos signos aparece, hay que empezar a pensar seriamente en cambiar de estilo de vida.

REMEDIOS ÚTILES:

  • Es necesario modificar el régimen de vida: hay que atender el sueño, racionalizar el trabajo y planificar el tiempo libre.
  • El descanso más sano es el más natural. Eso significa reducir el tiempo de estar en la cama, despertarse siempre a la misma hora, aislarse del ruido, mantener la temperatura adecuada en la habitación, no oír la radio ni ver la televisión. El hambre y la saciedad, el café y el tabaco producen insomnio.
  • Hay que romper con los malos hábitos: empezar a planificarse y actuar según un plan establecido. Es necesario evitar situaciones peligrosas y empezar a fijarse metas realistas. Buscar el hábito que se quiere cambiar y esperar el momento en que se sientan más fuerzas para hacerlo.
  • Dedicarse a algo que se haga bien y olvidarse de lo que los demás esperan de uno. Cultivar relaciones sociales que sirvan de apoyo.
  • Hacer ejercicio. El mejor es buena caminata diaria. Con 20 minutos bastan.
  • No llevar el trabajo a casa. En el hogar, desconectarse de las preocupaciones. El descanso es la mejor llave para el éxito.
 
     

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