José Antonio Campo |
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PSICÓLOGO Col. P-1357 Las Palmas de Gran Canaria |
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¿Cuántas veces ha admitido una propuesta que deseaba rechazar o ha aceptado una invitación sin tener ninguna gana, y todo ello por no ser capaz de contestar simplemente "no"?. La dificultad de responder "no" no es un problema; lo que sí constituye una señal de alarma es que el sí que damos en contra de nuestros deseos nos encadena a toda una serie de sentimientos de frustración, rabia o culpa por no haber podido manifestar lo que realmente pensamos o sentimos. Las personas con problemas de inseguridad son quienes más dificultades tienen a la hora de dar una negativa. El miedo a lo que piensen los demás, a que nos dejen de querer, es con frecuencia la razón por la que prefieren callarse y ceder. Otro grupo al que le cuesta decir un "no" a tiempo son los perfeccionistas, que se puede decir "son el fondo igualmente inseguros porque nunca alcanzan el ideal que los tiraniza". Ante cualquier petición podemos reaccionar de tres maneras distintas.
Lograr tener una actitud que nos permita saber responder con una negativa sin que nos sintamos mal entraña ciertos cambios en los planteamientos con que hacemos frente a las relaciones interpersonales. Supone, sobre todo, ser conscientes de ello y empezar a pensar más en nuestros deseos, dejar de considerar que si nos equivocamos ocurrirá una tragedia o permitirnos cambiar de opinión con la seguridad de que no sobre-vendrá una catástrofe. Cuanto más estrecha es la relación personal con alguien, normalmente más difícil nos será darle un "no" como respuesta; nuestro jefe o nuestra madre pueden lograr que todos nuestros propósitos para decir "no" queden en el intento. Por eso, podemos ir entrenándonos en situaciones en que la emotividad no nos traicione.
También es conveniente darse una serie de refuerzos:
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