PSICÓLOGO Col. P-1357

Las Palmas de Gran Canaria

 
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Estrategias para aprender a dar negativas.

¿Cuántas veces ha admitido una propuesta que deseaba rechazar o ha aceptado una invitación sin tener ninguna gana, y todo ello por no ser capaz de contestar simplemente "no"?. La dificultad de responder "no" no es un problema; lo que sí constituye una señal de alarma es que el sí que damos en contra de nuestros deseos nos encadena a toda una serie de sentimientos de frustración, rabia o culpa por no haber podido manifestar lo que realmente pensamos o sentimos.

Las personas con problemas de inseguridad son quienes más dificultades tienen a la hora de dar una negativa. El miedo a lo que piensen los demás, a que nos dejen de querer, es con frecuencia la razón por la que prefieren callarse y ceder. Otro grupo al que le cuesta decir un "no" a tiempo son los perfeccionistas, que se puede decir "son el fondo igualmente inseguros porque nunca alcanzan el ideal que los tiraniza".

Ante cualquier petición podemos reaccionar de tres maneras distintas.

  • La primera sería aceptar, ceder, aun con el consiguiente malestar por sentir que nos traicionamos. Es el caso del que siempre prefiere "tener la fiesta en paz".
  • La segunda sería responder de malas maneras o con agresividad. Aquí se incluye contestaciones del tipo "porque no me da la gana" en un tono brusco, que, curiosamente, es la manera en que acaba reaccionando el que siempre se calla y se lo traga todo.
  • La tercera es la más aconsejable, la más sana, es manifestar con tranquilidad lo que queremos, con independencia del juicio que nuestra actitud merezca a los demás.

 

Lograr tener una actitud que nos permita saber responder con una negativa sin que nos sintamos mal entraña ciertos cambios en los planteamientos con que hacemos frente a las relaciones interpersonales. Supone, sobre todo, ser conscientes de ello y empezar a pensar más en nuestros deseos, dejar de considerar que si nos equivocamos ocurrirá una tragedia o permitirnos cambiar de opinión con la seguridad de que no sobre-vendrá una catástrofe.

Cuanto más estrecha es la relación personal con alguien, normalmente más difícil nos será darle un "no" como respuesta; nuestro jefe o nuestra madre pueden lograr que todos nuestros propósitos para decir "no" queden en el intento. Por eso, podemos ir entrenándonos en situaciones en que la emotividad no nos traicione.

  1. Entrar en una tienda, probarse unas prendas y salir sin compra y sin dar mil excusas al dependiente.
  2. Ir a un quiosco, pedir una revista, ojearla y devolverla.
  3. Si pedimos un café y nos lo sirven frío, llamar al camarero y decirle con calma que el café está frío, y que nos lo cambie.
  4. Por las noches, elaborar una lista de las cosas que nos han gustado de todas las que hemos hecho a lo largo del día. Al principio, serán pocas las satisfacciones que nos reconozcamos, sobre todo si somos perfeccionistas.

También es conveniente darse una serie de refuerzos:

  • Tenemos derecho a no dar razones o excusas para justificar nuestro comportamiento.
  • Cambiar de parecer y de criterio es saludable y normal.
  • Todos nos equivocamos, y realmente no pasa nada por ello.
  • No es una tragedia decir "no lo entiendo", "no estoy de acuerdo" o "no me importa". Es completamente humano.
  • Los demás, en general, nos quieren y aceptan más de lo que creemos o de lo que nos queremos y aceptamos nosotros mismos.
 
     

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